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Qué sienten los hijos cuando los padres se separan

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Qué sienten los hijos cuando los padres se separan

Frente a la separación de un matrimonio, o la disolución de una pareja, se abre un abanico de circunstancias nuevas y los adultos experimentan sentimientos encontrados que ocupan su mente y su corazón en carne viva. Se siente por momentos bronca, pero a su vez alivio. Dolor y angustia, combinados con una paz inusual. Frustración y tristeza, mezclada con el gusto de una nueva libertad.

Es la pareja la que concluye, es la situación sentimental de los adultos la que se quebró, pero para los hijos, la separación de los padres es algo así como un terremoto en el que se quiebra el piso. Difícilmente puedan ser conscientes en el momento, del miedo que esto provoca en sus hijos.

Independientemente de la situación concreta en la que se produzca la separación de los padres, sea un acontecimiento previsto o no por los hijos, este impacto suele descolocarlos emocionalmente de manera severa. Aceptar que “de golpe” los padres no son ya una entidad, sino que pasan a ser dos personas absolutamente individuales no es fácil para los adultos, muchísimo menos para los chicos.

El ritmo de los padres como pareja se desdobla, y genera un nuevo estilo de vida en el padre y en la madre, que habitualmente no coinciden entre sí. Suelen haber cambios de todo tipo, ropa nueva, menos kilos, otro look. Algunos aparentan mejorar y otros empeoran considerablemente a la vista de los pequeños.

Los niños y la separación de los padres

Una vez que los padres se mueven por separado, generalmente aparecen nuevas características en cada uno, que seguramente las han tenido siempre, pero que los hijos desconocían. Antes eran una pareja, una sola célula… “sus padres”, y eso limitaba la posibilidad de diferenciar cuales eran los rasgos particulares de uno y del otro. Cambian los roles. El que era más severo quizás ya no lo es tanto, y los ídolos caen de los pedestales. Cada uno comienza a manejarse solo, y a generar un nuevo estilo de paternidad propio, sin considerar la opinión o el estilo del otro.

Se dividen los tiempos, parte con uno, parte con otro. Aparece una nueva casa. Los chicos tienen un nuevo cronograma de actividades repentinamente. Si están con uno no pueden estar con el otro. Hay más salidas, al cine, a cenar, más “turnos” que no necesariamente serán bienvenidos.

En la vida de los hijos, estos cambios drásticos los desorientan y suelen necesitar bastante tiempo para aceptar nuevamente a su mamá y a su papá, en medio de un mar de sentimientos encontrados.

A su vez los hijos pueden sentir alivio por una situación de crisis que se descomprime en la casa y muchas veces eso puede llevarlos a no querer ir a la casa del que se fue, aunque probablemente lo extrañen mucho y experimenten miedo de perder ese vínculo.

Es muy común también en la adolescencia, que las dudas existenciales típicas de la edad se entremezclen en las situaciones de separación o divorcio, y que un sentimiento de abandono los inunde por completo a pesar de la liviandad de saber que en casa es uno solo el padre a quien hay que convencer para pedir permisos.

Muchas veces un hijo siente que los padres se separan porque no lo quieren lo suficiente como para permanecer juntos.

Para los hijos es un camino sumamente difícil asumir y aceptar la separación, porque no son protagonistas de esa situación, pero su vida cambia radicalmente.

Les cuesta asimilar que los padres no tienen absoluto control sobre lo que sucede en su propia vida, y pueden tener que tomar este tipo de decisiones cuando algo no sale como estaba previsto.

Es un trayecto difícil, pero se puede transitar mejor buscando la manera de amortiguar el golpe y minimizar las secuelas. Ocuparse de lo que los hijos padecen por esta realidad nueva, escucharlos e incluirlos emocionalmente en el problema, no para que debatan ni participen de las decisiones de los adultos (en lo más mínimo), sino para que quede claro que los padres saben que ellos también asumirán nuevas consecuencias, y que si bien la que se separa es la pareja, una separación es un cambio drástico para toda la familia.

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