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El síndrome de Wendy o de la madre sobreprotectora

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El síndrome de Wendy o de la madre sobreprotectora

En la actualidad son tantos los peligros que nos aquejan, la inseguridad, los accidentes, las enfermedades, etc., que en muchos casos, las madres sobreprotegemos a nuestros hijos en el sensato intento de cuidarlos y que nada malo les pase.

Intentamos despegarnos de ellos sólo lo mínimo indispensable, nos ocupamos de todas sus cosas, los llevamos, los traemos, los prevenimos de todo lo malo que les podría pasar, hacemos los deberes con ellos y sin embargo infinidad de veces pasan cosas muy a pesar de nuestros esfuerzos, lo cual prueba que estos métodos distan de ser infalibles, además de no ser aconsejables.

Todos los chicos necesitan ir ganando independencia con el correr del tiempo, no sólo para saber arreglárselas solos en determinadas circunstancias, sino también porque eso fortalecerá su carácter, su autoestima y su personalidad para toda la vida.

Si todo lo hacemos por ellos, corremos el riesgo de hacerlos sentir inútiles, o que no son lo suficientemente capaces de hacer determinadas cosas. Cuando sean grandes sin lugar a dudas nos quejaremos de su comodidad y caeremos tarde en la cuenta de que criamos chicos madre-dependientes y ese tipo de vínculo no se corta de un día para el otro.

Como este estilo de maternidad probablemente no ha sido elegido de manera premeditada y consciente, sino que fue así como surgió al comenzar, es aconsejable ponerse pequeñas metas fáciles de cumplir para darle de a poco un espacio de responsabilidad y autodeterminación a un hijo.

Cómo saber si soy una madre sobreprotectora

Si fijamos logros alcanzables, como empezar a cortar la comida, atarse los cordones, y bañarse solos (aunque el pelo no les quede igual de impecable) notaremos un cambio en otras actitudes también. Ordenar los juguetes luego de jugar, incorporar hábitos de higiene como es el de lavarse los dientes después de las comidas o lavarse las manos antes de comer. Todas estas actividades les irán dando independencia, porque se sabrán capaces de hacer cosas sin ayuda amén de ser más responsables de sí mismos.

Tener algunas obligaciones y adquirir de a poco una libertad de acción los pondrá ante situaciones nuevas que deberán resolver, y este proceso no se puede dar de golpe, a los 16 años, sino que es algo que se desarrolla lentamente en la infancia, con cada etapa vivida.

Levantar el plato de la mesa, colaborar llevando la ropa usada al cesto de la ropa para lavar, esos ejemplos son simplemente gestos que hacen que los chicos valoren el trabajo en conjunto y aprendan a desenvolverse mejor. Hay quienes eligen métodos estrictos de colaboración familiar en la limpieza y el mantenimiento de la casa. Eso en principio no es algo malo, pero hay que saber encontrar el equilibrio, y que los chicos sigan teniendo una vida de chicos con los espacios de juego y de descanso que necesitan, no puede equipararse jamás sus obligaciones con las de un adulto, y este último será siempre el responsable de enseñar, supervisar y ayudar al niño en las tareas que se escojan para formar parte de estos procesos de aprendizaje.

Del mismo modo esto se aplica para la manera de desenvolverse en la calle. No es fácil este punto, podemos permitirles pedir algo en un negocio en vez de hacerlo por ellos, pagar, recibir el vuelto e interactuar con personas desconocidas. Intentar que estén atentos al cruzar la calle, que aprendan a mirar no sólo el tránsito sino a la gente. Estando al lado, y dejándolos vivir estas situaciones nuevas, es la mejor manera de ayudarlos a generar una interacción con otros adultos y mostrarles cuales son las precauciones que deben tener en cuenta a medida que se da la oportunidad.

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