Si todo anda bien, los bebés necesitan ser controlados por un pediatra a los 7 días de nacer, una vez por semana dentro del primer mes de vida, y una vez por mes los meses siguientes hasta cumplir un año.

Elegir el pediatra es una decisión muy importante, en la que uno sabrá si ha acertado cuando su hijo necesite por primera vez algo más que un simple control.

Es importante tratar de encontrar un profesional recomendado, que cumpla con algunos requisitos, pero por sobre todas las cosas, que nos guste y que le entendamos.

Las madres nos guiaremos por nuestros instintos, pero la relación y el diálogo con el pediatra se harán indispensables el día que el pequeño se enferme (aunque esta “enfermedad” sea simplemente un malestar).

Algunos factores importantes que se pueden considerar a la hora de elegir pediatra son:

Experiencia: Sin hacer demasiadas preguntas, solo basta con mirar los diplomas de la sala de espera, y si no los hay con googlear un poco, se pueden conocer los antecedentes profesionales del pediatra que estamos visitando. Tener en cuenta si ha trabajado en Hospitales Públicos, o servicios de pediatría de sitios renombrados.

Cercanía: No es demasiado importante para las visitas de control que el pediatra nos quede cerca, pero sí lo es y mucho, para las consultas de apuro que seguramente serán unas cuantas al año, sobretodo en el primer año de vida del pequeño.

Disponibilidad: Sería ideal que el pediatra elegido tuviera una agenda amplia en cuanto a días y a cantidad de horas de las que dispone para atender. No siempre es posible que esto se produzca si el pediatra atiende en algún hospital o clínica, y menos aún si tiene alguna jerarquía y experiencia. Pero es un punto muy importante a considerar. Si solo está disponible una o dos veces a la semana, o si solo atiende con turno, es más probable que debamos visitar alguna guardia por temas de menor importancia.

Teléfonos de contacto: Es primordial tener un número telefónico donde poder contactar al pediatra en cualquier momento. Está en nosotras no abusar de esta facilidad, teniendo en cuenta que hay consultas realmente urgentes y otras que pueden esperar. Sería considerado y atento de nuestra parte tratar de no llamar fuera del “horario de oficina” salvo en casos que revistan urgencia. Debemos recordar que el pediatra tiene una vida personal más allá de su vocación.

Pediatra suplente: Muchos pediatras han desarrollado algún vínculo con otros colegas que los cubren en su ausencia. Algunos comparten consultorio, otros atienden en el mismo centro, y otros simplemente se derivan las llamadas ante algún viaje ya sea laboral o de vacaciones. Este factor es muy positivo, y más aún si uno logra conocer al “suplente” antes de necesitarlo, como en el caso de los que trabajan juntos de manera habitual.

Por último, el consejo más importante es que como madres tenemos que hacernos a la idea que nuestro olfato y la observación minuciosa de nuestros hijos serán determinantes en el seguimiento de su salud.

Los médicos que los atiendan, darán siempre su punto de vista y su decisión profesional, pero es nuestra responsabilidad conocer la normalidad y los síntomas de nuestros hijos, agudizando nuestra intuición porque muchas veces (sobre todo en situaciones de emergencia) nuestra reacción y determinación será lo primordial. Ante cualquier duda, consulte a su pediatra.

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